Intento conocerme, entenderme. Abrirme como si pescara un cuchillo y realizara un corte vertical a través de todo mi cuerpo, para así, ver si de una vez por todas descubro qué me pasa. El corte es mi libro, o mis escritos, ojala cortar profundo, para poder llegar al alma en su forma más clara y menos evidente.
Quien sabe, quizás me logre conocer....
...
Algo no anda bien…. No se que me pasa, realmente no se. Siento un dolor en la cabeza enorme que no se va, y un dolor interior enorme, que no se va. Como si anduviera con un nudo en la garganta, como si necesitara llorar mucho, demasiado. De repente creo que tengo depresión, no se, me da pena, como es posible que me de pena? debería estar tan feliz por las oportunidades y la vida que dios me dio, por la suerte que he tenido en tantos aspectos, realmente debería, pero no, tengo pena, depresión, tristeza enorme. Es como un circulo vicioso, me siento fea, me siento gorda, me siento floja, me siento egoísta, me siento (no se bien la palabra pero algo así como ermitaña)…en fin, me siento mal.
El problema que, como dije anteriormente, es un círculo vicioso. Empiezo sintiéndome mal, trato de darme cuenta intelectualmente de que no hay fundamento para este tipo de sentir, me siento peor aun porque no logro unir lo que siento con lo que pienso y termino cada vez mas deprimida.
Es tan difícil y debería ser tan fácil. Porque soy tan negativa? Porque soy tan poco estable emocionalmente? Porque me afectan tanto las cosas que no deberían? Porque? Porque? Porque?, y no paro, no paro y llega un minuto en que el cuerpo yace absolutamente falto de energías y la cabeza hierve al punto de querer explotar. Y es que pienso… ¿quién en su sano juicio podría aguantarme con este tipo de inestabilidad? ¿Cuánto tiempo tardaran en a renunciar a mí? porque inevitablemente se agotaran, yo ya no me aguanto, me agoto, me agoto en la pelea que consiste; por un lado de convencerme que soy linda, que lo importante está adentro, que debería estar agradecida por todo lo que tengo (material e inmaterialmente hablando ya que nací en una familia donde nunca me ha faltado nada, ni en lo económico ni en el amor) y por el otro sintiendo, y me imagino que en algún aspecto pensando también, todas esas otras cosas desagradables que he mencionado mas arriba..
Y tengo que decirlo, no siempre fue así A ver. Toda mi vida fui “extremadamente sensible”, la típica niñita llorona, que al primer insulto, tono de voz insidioso, mirada dañina, lo que sea, armaba un escándalo, y se sentía fuertemente dañada. Poco a poco fui creciendo y me empecé a dar cuenta que esto tenía fundamento en mi condición de hija única, sumamente sobreprotegida por mi madre, y así empecé a entender un millón de cosas. Cosas como por ejemplo que el mundo no giraba en torno a mí, que lo peor que le podía pasar a uno en el mundo era ser perna o no tener amigas (justamente lo que viví en enseñanza básica) y que hay que ser fuertes, aprender a callarse cosas, que hay que escuchar al resto (por que al igual que nunca me importó un comino lo que me dijera el resto, ahora me imagino que tampoco a nadie le importaba lo que yo comunicaba), que nunca hay que tratar mal a nadie, por la razón que sea, aun cuando esa persona este hiriéndonos. Esto lo aprendí una vez que discutí con una amiga en el pasillo del colegio, ella me estaba retando por algo (me dejo plantada en algún compromiso y aun así me retó), yo monté en cólera y la trate mal verbalmente (mas bien con un tono fuerte que con palabras groseras). Esa situación fue presenciada por otra amiga que me hizo ver lo mal de mi comportamiento, aun cuando esta persona se haya portado de una manera incorrecta conmigo, eso no justificaba un mal trato de mi parte… como bien dijo Mahatma Gandhi: tanto ojo por ojo va a terminar por dejar ciego al mundo.
A partir de ese momento comencé a guardarme cosas, a manejar mis sentimientos, a controlar mis respuestas y reacciones y, a disfrutar la vida (de una manera bien infantil la verdad). Me gustaban niños que no conocía, más tarde comprendí que solo eran idealizaciones, pero lo pasaba bien, eran una entretención sana, un tema con las amigas, un juego que amarraba fuertemente mi ego y claramente mi autoestima también (nunca viví una relación muy seria durante la época escolar).
Llegó el tiempo en que tuve que ingresar a la universidad y debo decirlo, la burbuja literalmente se rompió. Viniendo de una familia católico-cristiana y de un colegio de monjas americanas, debo reconocer que tenía fuertemente enraizadas las creencias de esta religión, fríamente calculada cualquier respuesta en defensa a ataques contra estos pensamientos y claro lo que estaba bien de lo que no. Rápidamente describiré lo que me pasó. Si el colegio había significado un paso en el abrir de ojos frente a mi persona en la sociedad, la universidad se convirtió en replantearme absolutamente todo lo que creía y sabía de mi misma, la vida y el universo.
Siempre me ha inundado un sentimiento enorme de soledad. No se bien como explicarlo, ya puedes ver que tengo muchos problemas en explicar las cosas que me pasan jajaja. Es un sentimiento muy extraño. Es más allá de una soledad terrenal, es una soledad a nivel de existencia in entendible, solo se puede sentir. Toda mi vida he estado encerrada en este cuerpo, he vivido toda la vida en mi vida, siendo yo, y viviré el resto que me quede en este cuerpo y con esta mente. Es tan raro, solo seré Nicole Hirigoyen en esta vida. De repente digo PARA! Nicole piensa, esta es LA vez que estas en la tierra, o que tienes conciencia de ello de esta manera, se te dio vida y estas aquí, ahora, el resto de las personas pueden ser imaginación, puede que lo que tu vez rosado sea realmente azul, pero nunca lo sabrás, como puede un perro saber que es daltónico si nunca ha visto otros colores que el negro y blanco?.
Una de las cosas más saludables que he escuchado ha sido una vez, en el living de mi casa, a una tía decirme que me deje un rato descansar, es más, me dijo algo así como; Nicole date un break, debe ser agotador vivir con ese pajeo mental continuo. Y es verdad. Que sabias palabras tía!, debo decirlo, en palabras gringas, lo mejor sería just let go… Dejarme ir, dejarme ser, dejarme estar. Disfrutar una buena película en mi casa, sin importarme la ropa que traiga puesta, el estado de mi pelo o los kilos de más en mi cintura. Dios mío que difícil se ha vuelto eso!, mientras mas conciente me he hecho de mi misma menos feliz soy. Antes, de pequeña, era inmensamente feliz, ni me acuerdo de haberme sentido fea o gorda, o todas estas nimiedades que afectan tanto mi vida hoy. Cuando chica todo era diferente, vivía en otro mundo, no era conciente de nada, solo me interesaba jugar, jugar con mis primos por el campo. Todos los días eran tan intensos, tan entretenidos, construíamos casas en los árboles, hacíamos paseos o “pasayatas” por lugares inexplorados, reuniones nocturnas en el fogón, jugar a la escondida con los grandes, hacer las guerras de uva bajo el parrón y, tantas actividades más que solo se pueden resumir en dos palabras, que para mi hasta el día de hoy son mágicas; Laguna Verde.
No hay comentarios:
Publicar un comentario